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ENTREVISTAS

La Mula entrevista a Jano Clavier

Escrito por Ginno P. Melgar Publicado el Jun. 25 , 2019

Este artículo y entrevista fue originalmente publicado el 14 de junio en 2016 en La Mula.

 

Alejandro ‘Jano’ Clavier lleva tatuada en su muñeca izquierda con letras simples la palabra ‘calma’, como un recordatorio de que, pase lo que pase, nada será tan importante como para perderla. Y es esa calma perennizada en su cuerpo la que le permite hoy recordar entre risas aquella primera edición de Sala de Parto de la que se hizo cargo. Solo tres días de lecturas dramatizadas que, pese a la emoción, le estuvieron a punto de costar la paciencia.

Hoy, más de media década después desde que el Teatro La Plaza decidiera crear un programa para alumbrar nuevos hijos de la dramaturgia peruana, Jano mira con orgullo, ya como su director, cómo ha ido dando pasos agigantados año tras año, a puertas de un 2019 que promete ser su temporada más diversa e importante.

Con ocho puestas teatrales, paridad de género en los equipos de dirección, temas que abordan nuestra coyuntura social, dramas intensos y comedias absurdas, elencos enteros que reivindican el papel de comunidades que antes no tenían acceso sobre las tablas y una imagen mucho más «sexy», Sala de Parto apuesta este año por ser mucho más que un festival con sabor a concurso e inicia su camino como aquel espacio formador de dramaturgia que tiene todo para refrescar la escena teatral peruana.

Pero para saber hacia dónde se va, es necesario saber de dónde se viene. Conversamos con Jano sobre cómo nació, qué es y a qué apunta Sala de Parto.

¿Cómo nace Sala de Parto?

La Plaza cuando iba a cumplir 10 años, y esto es algo que dice siempre Chela de Ferrari (directora de La Plaza),  algunos periodistas le agradecían todo lo que La Plaza había hecho por el teatro peruano. Ella se quedaba un poco pensando porque, claro, ha habido un montón de producción de teatro pero no necesariamente una mirada, un impulso hacia la dramaturgia local. Abrir caminos para facilitar el trabajo de los dramaturgos locales, de poner una mirada en la formación. Eso no había pasado, o al menos no dentro de nuestra organización. Estaba el caso del Teatro Británico, que tiene desde hace tiempo un concurso de dramaturgia peruano, el ICPNA tenía ese festival donde la dramaturgia peruana tenía un lugar, pero La Plaza no se había caracterizado necesariamente por ser un espacio para el dramaturgo nacional. Entonces fue muy interesante que al cumplir diez años, se fundara una nueva línea de trabajo que de alguna manera ha marcado y ha salpicado su forma de ser. Una de las pruebas más claras, es que en 2018, cuando La Plaza cumplió quince años, tuvo una programación enteramente de teatro peruano, de dramaturgia nacional. Pasó de no tener ninguna obra de dramaturgia peruana en algunos años, a tener todas sus obras de dramaturgia peruana.

Una idea que se ha ido perfeccionando…

Aparecimos entendiendo un poco lo que se estaba haciendo. Tomamos un poco referencias de lo que se hacía afuera que ya se hacía acá y empezamos como un concurso, nos concebíamos nosotros mismos así. Un concurso donde la gente mandaba obras que para ellos ya habían llegado a ser un borrador final. Eso es lo que fue desde el inicio, un espacio donde se seleccionaban obras interesantes y se acompañaba el tránsito entre el fin de la escritura y su puesta en escena. Se les daba un apoyo económico, difusión, un soporte en cuanto a producción, prestábamos utilería, vestuario. Con el tiempo hemos descubierto que el trabajo y desarrollo de una obra desde cero es bastante enriquecedora para la dramaturga o el dramaturgo.

Esa idea nos ha parecido seductora y nuestro programa está cambiando a partir de este año hacia ser menos un concurso que te acompaña con tu obra ya lista, a ser un taller donde tú, dramaturgo interesante que tienes esta obra, idea, imagen, la vas a desarrollar en el marco de un taller donde va a haber un grupo de personas que solo quieren que tu obra sea increíble, y que va a acompañar, cuestionar y potenciar desde el lugar que tú nos permitas. Ese es como uno de los grandes cambios de Sala de Parto que vamos a anunciar en el marco del festival.

Tú has estado prácticamente desde el nacimiento de Sala de Parto. ¿Cómo ves su crecimiento y qué es lo que ofrece hoy?

Todo empezó con un festival de tres días en La Plaza. Siempre cuento que me sobreestresé para producir un festival de tres días de lecturas dramatizadas y ahora veo lo que es hoy el Festival que tiene casi dos semanas y tiene tantas capas que no me imaginé jamás que iba a crecer de esta manera.

El festival es el momento más visible de nuestro año, donde vamos a celebrar la creatividad nacional, en donde invitamos artistas extranjeros, donde tenemos contacto con profesores, artistas en residencia, con gente que viene a ver obras nacionales a ver si se las llevan a sus festivales. Lo que nosotros queremos es que Sala de Parto, el festival, sea una programación internacional pequeña, unas cinco obras cada año, pero que sean ‘las’ cinco obras, cinco compañías de nivel impresionante; y el resto una programación nacional que pueda dialogar con esta  y que estén en el mismo espacio. No soñamos con crecer mucho más a nivel de programación, sino con ponerle capas.

¿Cuáles son estas capas?

Al igual que el año pasado tenemos Punto de Encuentro, un programa de movilidad para un doble perfil de la gente que somos artistas escénicos y al mismo tiempo somos gestores. Básicamente para todos los que somos artistas que debemos de hacer algo más para vivir de esto, o que no solo somos artistas que vivimos de nuestro arte sino que tenemos que gestionar la plata, los recursos, etc. Veinte personas, diez de Lima, diez de fuera, están durante siete días en el Festival viendo obras, teniendo talleres, conociendo espacios culturales, haciendo redes, conociendo programadores internacionales. Es una de las mejores cosas que hemos hecho el año pasado y este se mantiene.

Otras capas son el encuentro internacional de docentes que están especializados en el teatro y la educación, el encuentro de programadores internacionales, los talleres internacionales en el marco del festival. Todas esas capas es como el nuevo perfil que queremos darle a Sala de Parto como festival.

¿Este es un nuevo inicio para el programa?

Lo que yo creo es que estamos fortaleciendo la identidad de Sala de Parto y visibilizando todo lo que hacemos durante el año, que antes quedaba un poco más apabullado por la visibilidad que tiene el festival. Ahora tenemos el fortalecimiento de una imagen gráfica, por ejemplo. Todas las obras que estamos produciendo este año tienen la misma identidad visual, es como una familia gráfica que puedes reconocer. Buscamos que alguien pase por la calle, vea un afiche de este estilo y lo reconozca, sepa que es Sala de Parto. No hay nada que nos enorgullezca más que estos títulos y estos nombres que están con nosotros. Ese fortalecimiento de identidad, de tribu, de comunidad, de de soporte de equipo.

¿Es como la culminación del sueño de aportar al crecimiento del teatro peruano, de aquello por lo que felicitaban a La Plaza?

Lo que estamos haciendo para que esto llegue a más personas es resultado de un equipo que ha sido fortalecido este año. Yo lo que creo es que Sala de Parto debería ser para el público local un sello de calidad. Y que además tú sepas que de todas maneras esta obra es provocadora, contemporánea y relevante, que son los las tres palabras claves del trabajo que nos interesa desarrollar. Autores que son conscientes del país en el que viven, con sus propuestas, con la forma en la que están abordando estos temas que son urgentes, que nos ayuden a generar una escena local sexy, hacer atractiva la oferta teatral, pero que al mismo tiempo ese contenido nos ayude al público a repensarnos como ciudadanos. Esa es nuestra labor.

¿De qué van las obras que presentan este año?

Son ocho obras que tienen tratamiento y estilos distintos. Las personalidades de los autores son diversas y esto se ve reflejado en el tipo de trabajo que están haciendo. Hablamos de la familia, los recursos naturales, la diversidad sexual, el poliamor, de memoria, de diversidad racial. Y es curioso porque no ha sido buscado, se ha dado que sea así. No ha sido como una curaduría que hemos armado. Se dio porque esos son los temas que están ahorita en el ambiente.

Sala de Parto y LaMula han firmado una alianza para ir de la mano en esta labor. ¿Cómo sientes el que trabajen hombro a hombro?

Para mí tiene que ver con descubrir una organización con la que tenemos muchísimas cosas en común. Intereses, formas de trabajo, formas de mirar lo que hacemos, la vida, qué sé yo. Un equipo que es muy compatible con el nuestro, en el sentido que la pasamos muy bien haciendo cosas juntos y eso creo que es lo más importante en realidad. Y se ha visto en el evento de lanzamiento, y lo que hicimos con los migrantes venezolanos. Creo que tiene que ver también con que son instituciones diferentes para públicos similares. Todavía no nos imaginamos todo lo que podemos llegar a hacer juntos. Creo que siempre me estoy dando cuenta que en este corto tiempo que llevamos trabajando, ya hablamos de otras posibilidades que en realidad se dibuja como un futuro bien esperanzador e interesante y que tengo muchísimas ganas de descubrir.